RADIO PACHETA

lunes, 17 de noviembre de 2008

Mi niño

Se revuelve inquieto en su cama, cuando el enorme reloj de la entrada da las doce.
Le calmo con mi mano. Le acaricio la cara.
Esta mañana, la cocinera Ouriña, no sé lo que le contaba. Mi niño cinco años tiene.
Con los ojos llorosos y como platos, se vino corriendo hacia mí con los brazos abiertos, los mocos colgando.
Mi niño, se agarro a mi falda y andaba conmigo si yo andaba. El terror lo atenazaba.
Tendre que cuidarle de Ouriña, que le mira con sus ojos saltones de torva mirada.
Mi niño, ahora tranquilo, dormido, lo siento a mi lado, en su cama. El sueño me vence.
De madrugada oigo cantar el reloj las cinco de la mañana y cuando deja de sonar, no siento a mi niño. No está en su cama. Enciendo una vela y mi dolor es atroz al intuir lo que ha ocurrido, lo que ha pasado. Me incorporo.
Veo la sombra de Ouriña en un rincón, llena de sangre sentada. Entre sus manos, sostiene a mi niño ensangrentado, despedazado, muerto. Me mira, mastica un pedazo de carne sanguinolenta.
Con un dedo, me señala y grita riendo: Te he quitado a tu niño y mira: me lo como.
No te perdona ni Dos. Yo ahora te mato y te como. De un salto, la asalto y con la navaja abierta, el cuello rebano, de un solo tajo.
Mientras te desangras, te digo: voy a comerte el pecho izquierdo, luego el derecho, para que nunca puedas dar de mamar a nadie. A continuación tus ovarios, para que jámas engendres vida humana.
Don Antonio; lleva escribiendo lo mismo una semana y mientras escribe, no sé qué mastica, su boca siempre esta llena de sangre. Lo hemos comprobado y es sangre humana.
Sí, doña Juana, la trajo su marido, en ese estado, masticando carne humana. Él, está en estado de shock, en la habitación numero cinco, dormido. Morfina, le hemos inyectado.