RADIO PACHETA

sábado, 31 de enero de 2009

El rincon de los blogeros

El rincon de los blogeros

Y de repente

Continuo escribiendo y guardando lo escrito. Vuelvo al blog para leer y veo una nueva entrada de un seguidor. Pincho ahí y sin darme cuenta hay una luz enorme que me atrae hacia dentro de la pantalla.
Ahora todo es oscuridad. Antes de ocurriera, agarre el boligrafo y el bloc con la mano derecha y con la izquierda el cigarrillo del cenicero.
OEH, grito. Nadie contesta.
Saco el mechero de la faltriquera y lo enciendo. Es una caja negra, cerrada por todos los sitios. Ni ventanas, ni puertas. Así lo escribo en el cuaderno. No tengo miedo, porque cierro los ojos. Al cerrarlos es como si viviera de verdad los recuerdos. TOCO a la gente con los ojos cerrados.
Vale, ahora que no me vé mi mujer, volveré con aquella chica para disfrutar otro ratito.
Parece mentira, oigo a Susana que me llama. Habrá venido de casa de su madre. AQUÍ, AQUÍ, grito. Hay eco. No sé si me habra oido.
Ahora voy saliendo de dentro de la pantalla, porque ha encendido de nuevo el ordenador.
SÍ, contesto.
Estoy en el baño, ¿ donde estabas?.

Hoy ha ocurrido algo inesperado

Me levanté a las siete, cuando sonó el despertador. Después salí a recoger el periódico. Esperé a que saliera el café, mientras leía los titulares, lo único que puedo leer sin gafas, olvidadas en el baño. Me tomé el café y lié un cigarrillo, mano de santo para ir al baño. Me puse las gafas y me senté en la taza. Leí el periódico. Me fume el cigarro, me duché y bajé a hacerle unas tostadas a Jorge. Lo habitual, lo de costumbre, lo de diario
Hoy me libré de llevarles al colegio, porque los lleva Elena, la madre de Eduardo.Cuando se fue Jorge, leí a Becquer. Enfrascado en Gustavo Adolfo, Susana llamó mi atención golpeando desde la cama. Acomode el libro en la mesa y fui a abrazarla, como quería
A partir de ahí, todo cambió. Cuando me hablaba, no la entendía. Creía que era como de broma, a veces, ya sabes, sincopi dibo inestasbostas acrelos. Sí, pero aquello era distinto. Toda la mañana me estuvo hablando así, incluso a su madre, cuando llamó por teléfono. Me asusté.

A eso de las doce llamaron a la puerta. Abrí yo.
Los vecinos y el hombre que hacía la reforma de su casa, iban a tirar una puerta de garaje automática. La aceptamos y gracias de nada, por Dios.
Un rato después,volvió el albañil y le invité a un café. El hombre,me dijo que era rumano. Cuando Susana dejo de hablar con su madre, vino a la cocina y con enorme sorpresa por mi parte, se puso a hablar con el señor en romaní.

A día de hoy, todo ha vuelto a la normalidad. Esperaré a que venga a colocar la puerta del garaje, ¿volverá a cambiar de idioma?.

¿Y entonces,por qué envejecemos?,dice Chirinos.

He salido del baño recién duchado. Voy a la habitación donde dejé el tabaco. Mientras me lío un cigarrillo, me fijo que en la pared hay una foto y se olvida el cigarro entre los labios aún sin encender.

El de la foto, se supone que soy yo. Y ahora, mirándome ahí sentado sobre el capó del coche que tuve,me pregunto:

¿Cómo puedo ser yo, ese tipo de la foto?. Un tipo sin barriga, guapo, joven y sonriente. De verdad, no me recuerdo. Ese tipo de la foto, no soy yo, pero la foto está ahí y mi mujer dice que soy yo. Mis hijos también,pero a ese de la foto, no lo conocieron,porque no habían nacido,¿cómo lo pueden decir entonces?
Voy por el mechero y enciendo el cigarrillo. Entre volutas de humo, me miro en el espejo y no comprendo. Pero sí comprendo, por qué algunos pueblos de la Tierra, no quieren sacarse fotografías.Porque su alma se va con las fotos.Y pienso que no se va el alma y lo que se va a otra dimensión eres tú mismo.Y realmente aunque diga mi mujer que ese de la foto era yo, miente.
¿Cómo puedo ser yo, si no me acuerdo?. Y no me acuerdo de mí mismo y para nada de ese momento de la foto.
Sólo sé que ese tipo de la foto no soy yo, soy este que se mira al espejo entre aros de humo y sonríe.
¿Y entonces, por qué envejecemos?, pregunta Juan Carlos, cuando lo leo.
¿Porque la juventud, se va a otra dimensión? y Chirinos, se ríe.

Para Su y su amigo Tineo

Mi tata murió hace muchos años. Aquí, he hablado de ella, Emilia, cuando fuí con mi madre a su entierro.

Despacito, con pasos cortos,pero segura en el andar para no caerse,siempre que llegábamos,venía a vernos. Nadie la avisaba, pero antes de que llegara el coche, nos esperaba tomando el sol con la madre de Luis, que vivía enfrente de la casa de mi padre, allí en su pueblo.

Especialmente venía a verme a mí, mi niño, decía y todavía me traía adoquines, bolitas de anis y empedraíllo.

Aquel año la fotografié y la dije que rezará por mí. Me regaló una imagen de la virgen del Pilar y me dijo que lo haría.La coloqué en mi coche. No sé si sería casualidad, pero un día en la M-30, de mi coche el 1032-Bu,perdí el control. Juro por Dios, que el volante volvió solo a su posición, cuando iba a estrellarme contra el muro. En ese mismo coche, me estrellé poco despues y dí 28 vueltas de campana.Conmigo iba una amiga. No nos pasó nada. Siniestro total.

La fotografía de Emilia, esta en la escalera de mi casa en tamaño muy grandísimo y debajo unas bolitas de anis, tambien enmarcadas.Siempre que subo o bajo esa escalera siento una especie de caricia. De vez en cuando, mis hijos y algunos de sus amigos,tambien lo sienten.

viernes, 30 de enero de 2009

PARA KIS

COMO ME QUE ME VOY A CAGAR EN LA LECHE PUTA,PORQUE NO PUEDO DECIR NADA EN UN COMENTARIO QUE TE QUERÍA HACER EN TU BLOG.
COJONES, ESCRIBES DE PUTA MADRE.CONTINUA ESCRIBIENDO Y DELEITANDONOS Y QUE LAS MUSAS, NO TE ABANDONEN NUNCA.

jueves, 29 de enero de 2009

A todos los que me leen.

¿Qué os parece, si ese poemita lo terminamos entre todos los lectores de los blogers que siguen este humilde blog?

Para Lilium

ESCRITO PARA MI AMIGA PACA,EXACTAMENTE EL 1-7-1980. REGALADO A ALEX,QUE NO SÉ QUÉ HABRA HECHO CON EL Y NO HE VUELTO A VER. Aún me parece que no esta terminado y gracias a tí LILITH, LO TERMINARE ALGUN DÍA.
Anoche, tu sombra ha vuelto a acariciar mis cabellos.
Por tu sombra, he vuelto a enroscarme en tu lengua,
a descansar mis manos
en tus pequeñas montañas rosas
Como muchas noches, anoche
me agarré a las rocas de tu sombra,
volví a subir por las cascadas de tus piernas,
por tus cadenas de flores,
para beberte lo de dentro.
Y entré a las puertas de tu vientre
y con silencios entrecortados por gemidos
volvio tu sombra a acariciar mis cabellos
Y así deberia seguir una y otra vez, con el fin de que no se terminara nunca el poemita ni el amor ni el sexo abrazado al amor deseoso de deseo.

Para Lilium

Me encantas que me escribas. Tu blog es bello,como tú. El hombre,único animal,razonado el amor y el odio,puede llevarlo a la tumba. Gracias a tí, por responder. Y te escribo aqui, porque no sé lo que le pasa a los comentarios, que no puedo inscribir uno para tí. Gracias de nuevo.

miércoles, 28 de enero de 2009

el dia de la batalla.

No podía dormir.Repasába una y otra vez los movimientos que debían hacer mis tropas ya preparadas de madrugada.Había hablado con lo mandos sobre ello.Tenían toda mi confianza.La tenían ellos de mí. Cuando la luz del Sol comenzó a despuntar por el Este, se divisó a los enemigos.Hatsup,en su carro,esperaba mi orden.Moví mi cabeza y le mire.Corrió a su sitio tocando el cuerno,para ordenar: en guardia. A pesar de que nada,podía salir mal, tenía miedo. Los arqueros escondidos en los bosquecillos a izquierda y derecha,no se movían,aunque sabían que la caballería enemiga,podría destrozarlos.Su mando,el general Sopteh, aunque zalamero con el gran hacedor,era valiente.Para mí, lo único que tenía. Mandé a los mil quinientos hombres de infantería delante,previendo la estupidez de los salvajes.Tenían que esperarlos, ante su ataque en masa, para luego correr,fingiendo huída por el camino que dividía los bosquecillos. Allí, mis arqueros con sus flechas de fuego arrasarían a los perseguidores. La caballería,escondida tras los arboles,mandada por mi hijo,el general Jutah,esperaba ansiosa a que los enemigos se metieran en la trampa y saliendo por detras acabar con su despreciables vidas. El resto de mi infantería,agazapada en el suelo, esperaría tambien a que llegaran los enemigos,para alzarse y matar. La nube de polvo venía hacia nosotros. Lo que me temía se hizo realidad.Hatsup y sus carros y mi caballería salieron antes de tiempo.Mi hijo, no hizo caso a mi cuerno. La infantería enemiga,esperó la llegada de mis estúpidos generales.En dos horas,no quedaba rastro de mi caballería.Mi hijo murió.Hatsup,y sus carros,también.No volvio ni uno a retaguardia. Ordene a la infantería que esperaba en el suelo se levantara y que protegiera a los arqueros. Estaba en juego el paso hacia el mar del gran hacedor. Estaba orando a mi dios por el miedo que tenía y me envió una imagen de aquella muchacha a la que amé poco antes de venir.Mi dios,me oyó. Envie a mi otro hijo Joteh la contraorden de que no huyera.Hay que aguantar a pie firme, la primera embestida y que los dioses nos acompañen,pero sin perder la cara al enemigo,ir hacia atras, con el fin de que los arqueros lleguen a esas bestias. El mensajero, jadeando llego a mí:Enviada, señor,dijo. Solo quedábamos los ciento cincuenta incluyendome, de mi guardia personal como caballería. Pocos,la verdad. Una sonrisa iluminó mi cara, al ver que su caballería a galope,daba un rodeo al resto de su ejército y se internaba en el bosquecillo de la izquierda.Mi infantería y mis arqueros,allí esperaban.Ordené a mis hombres que no dispararan una sola flecha, para que no la viera el enemigo de a pie. Levante mi espada y ordené el ataque a mis ciento cincuenta entre los que se encontraban otros dos de mis hijos;Juantah y Jogeh. Entre los arboles la pelea se encarnizó.Las lanzas entraban en los ijares de los caballos que resoplando,morían chorreando sangre.Los jinetes se levantaban del caballo caído y enarbolaban hachas y espadas y mazas, pero no sabían a quien golpear.Los ciento cincuenta,llegamos poco despues de que la caballeria enemiga entrara.A uno de ellos,lo conocí cuando rebanando su cuello, con su cabeza sangrante en mi mano izquierda,le mire a la cara.Había ido al palacio del gran hacedor con su rey,el traidor Tumos, con una embajada. En poco más de una hora,la caballería enemiga,fue masacrada. Ahora estábamos a la par y mis arqueros vivos y presentes. Juantah y Jogeh no recibieron herida alguna.Por desgracia, yo sí.Una herida profunda en mi muslo derecho,dejaba ver el hueso.Dolía la maldita,pero no podía decir un ay.El cirujano jefe cosió la herida musitando palabras de oración. Ese dolor hizo que yo mismo cortara las cabezas a todos los caidos y que me ensañara tambien cortando sus piernas sus brazos y las partes intimas,que luego daría al orador,para que las cociera y pudieramos comerlas.Tál era mi dolor mezclado con el de la muerte de mi hijo. Al ver el ejercito enemigo que su caballería no salía del bosque,corrió en grito de ataque hacia nosotros. Sabía ahora que la batalla estaba ganada. Los arqueros disparaban en orden.Una lluvia de flechas iluminó el cielo de fuego.Mi infantería a pie firme, resistio el primer embite.A una orden de mi cuerno, el resto de mi infantería salio de los bosquecillos machacando los flancos del enemigo.Ordene a mi guardia personal que a galope y rodeando al enemigo le cayerámos por detrás. Matamos a todo el ejército. Poco antes de que el sol se fuera y en mi campamento,repartí el botin de guerra. Todos mis hombres,comieron la virilidad del enemigo. ------------------------------------------------------------------------------------------------- Antes se podía luchar por algo.Se podía morir por algo.Había guerras y dolor y amor y odio,igual que ahora.Pero ahora,parece ser que te matan de otra manera.Te quitan el trabajo,te imponen unas ideas,te quieren hacer tonto, te niegan tu dinero y dicen encima que es de todos,pero solo se lo pueden gastar algunos,que son los que hemos elegído además.Y ninguno de ellos ha ido a ninguna guerra,que yo sepa.

lunes, 26 de enero de 2009

Hay algo.

Tras el muro. O dentro de el. No puedo verlo. Lo oigo. Ese zumbido, me esta matando. Se oye grave, como si fuera la amenaza de un perro antes de atacarte.
Me llama mi mujer. No la diré nada, no quiero que tenga miedo. Cierro la puerta y subo.
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Han pasado unos días. No he vuelto a bajar,me causa respeto. Mi mujer bajó hace poco, estoy seguro de que oyó algo, pero no me ha hecho comentarios y me río pensando en mi blog; casi nadie me hace comentarios. Me dijo Juan, el dueño del bar que no respondía a ninguno y he respondido a todos.
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Hoy sí. Mi mujer ha subido corriendo. La cara blanca, las lágrimas en los ojos. Bajé al ordenador, me dice sollozando y algo o alguien me ha nombrado. La abrazo y vale, vale, tranquila,tranquila, ahora bajamos a ver que hay ahí. Nooooooo,grita, yo no bajo más.Voy a llamar a Juanto, que venga, está con los enfermos, que vengan todos.No bajes tú solo.
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Hemos llamado a la policía.Mi mujer y yo, no podemos bajar. Ellos no pueden subir. Se oyen voces y gritan. Estoy al pie de la escalera. He llamado a mi vecino Ángel. Ha venido. Se ha llevado a mi mujer a su casa. Menos mal, que Jorge está en casa de sus amigos Duarte y Tis y Andreas. Ana Cristina su madre, le ha invitado a cenar.
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Ha llegado la policía. Menos mal que vienen un montón. Si algo les ha pasado y se han vuelto locos violentos no creo que puedan ni con Pupi,ni con Alex,ni con Jaime ni con mi hijo.
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Han pasado cuatro meses. No sé lo que ocurrió ahí abajo. El médico dice que se recuperaran y que aún es temprano. Hemos llenado de tierra lo de ahí abajo. He hecho llamar a un cura y ha exorcizado la casa. Ya no se oye nada, pero tengo miedo de que como dice el medico, quizá sea temprano.

domingo, 25 de enero de 2009

Siempre vuelve

El fantasma del pasado o ¿tendria que poner los fantasmas de mi pasado?.

Porque esos fantasmas aún viven.Como yo.

Son personas de carne y hueso.

Si fueran mis padres, no serían fantasmas.Porque están muertos.

A esos vivos fantasmas vivos hasta que no mueran seran parte de mí.

Mientras vivan,me joderan la vida.

O espero que mueran,para que desaparezcan.O espero morir +que se vayan.

domingo, 18 de enero de 2009

PENDEMOS DE UN HILO;INVISIBLE EL HIJO DE PUTA.

Despues de cenar, se pusieron las mesas y las sillas en un extremo de la era, junto a la casa. Un sobrino se encargó de traer el hielo en una cubitera. Mi persona de traer los espirituosos y los guiskis y jarras de agua. El encargado de cuidar la finca; Santos, trajo los cafés en termos. Porfirio Juarez Buendía, los vasos y no recuerdo si ayudaba alguien más.



La noche era estrellada, sin una gota de nube. Me cambie de posición, para no mirar hacia el noroeste, las luces difuminadas, tras de las colinas, de las factorías Repsol de Puertollano. Así veía el cielo claro y podía ver salir la Luna de su escondite en Sierra Morena.



Habíamos terminado de cenar y mi padre junto a sus amigos Segismundo Pareja Vozmediano y Celestino Cespedes, nos esperaban sentados y charlando.



Mi sobrino Ángel, Santos, Porfi y yo, nos limitamos a escuchar.



Mi padre le dijo a Segis que cantara. Segis, tras un rato en el recuerdo, cantó como si fuera Manolo Caracol. El pelo se erizó y en carne de gallina se puso toda la piel, por el cante y la situación y ese momento duende.



Teníamos entre la barriga y nuestras manos, algún que otro vaso de alcohol.



Acababa de morir el sr. Meca, es decir, don Aurelio Belmar Prieto, que fue en el pueblo hace y durante muchos años, barbero, sacamuelas y doctor. Todavía veo la esquina donde tenía el establecimiento. Al principio y despues de varios cantes, sobre él, giró la conversación.



Y se habló de cuando a pesar de sus noventa años iba de caza con su Vespino, su pájaro perdiz y su escopeta. Se cayó. Era un dolor verle la cara deformada por la caída.



Nos reíamos recordándolo. Y mi padre dijo de cómo se enamoró el Meca, de aquella mujer de Cartagena. El amor, no tiene edad, señaló Celes.



Despues un silencio de segundos y miradas a las estrellas.



Y dijo Segismundo:

Mis padres tenían unas vacas y las llevábamos a pastar alrededor del pueblo tu padre y yo, cuando éramos chicos. En la escuela íbamos con Juan de Mata y es una pena que tras tantos años, no recuerde algunos nombres de los que estaban con nosotros.



Pues verás, apuntó mi padre. Y al mismo tiempo que mi padre, Celestino dijo que aunque yo era más joven, de alguno me acuerdo.



Entre los tres, se pusieron a nombrar a los padres de los muchachos que hacía ochenta años estuvieron con ellos. Los pusieron allí, delante de nosotros, describiendo su aspecto físico y nombraron a sus tíos, a sus primos, a sus hermanos.



Se me vino a la cabeza el libro de los Diálogos. Y sí, pienso que los españoles, tenemos algo de esos antiguos griegos.



Mi padre me preguntó si veía al primo Carlos, el hijo del último al que se nombró: Germán Vozmediano Espinosa.



Contesté que sí.



Y entonces dijo que si se hubiera ido, como tenían pensado él y su amigo, para ser pilotos, a Alcantarilla - Murcia-, donde los rusos tenían un campo de aviación, seguramente estaría muerto y tu no habrías nacido, habló a todos, pero a mí, me miró a los ojos. El abuelo, saliendo del pueblo, me cogió y me llevó a casa. Germán se fue y en la segunda guerra mundial luchó contra los nazis. Estuvo a punto de perder la vida. Solo perdió las piernas y parte de su alma. Es un héroe en Rusia y para mí, tambien.



Tras otro silencio y unos tragos, mi padre habló mirando el cielo estrellado:


Pues aquella noche, estábamos jugando al tute, Luis, su padre y yo y a Paco le mandé a por hielo.

Allí frente a nosotros, y sobre los eucaliptos del paseo del pueblo, vimos una luz. Enorme y muy brillante, por encima de los arboles quedó parada. Luego nos levantamos de las sillas para verla mejor junto a la ventana. Poco después, a velocidad de vertigo, se marchó y no la vimos más. Por unos segundos, Paco, no vio aquella luz.


Y así hablé yo:

Cuando subí estabais los tres impresionados y me dijiste, padre, que comprara al dia siguiente los periódicos para ver si decían algo y los cuatro que se publicaban te los traje. Hasta la Guardia Civil lo supo porque hubo muchas denuncias. No venía ninguna fotografía, pero la noticia estaba en titulares. Podías seguir el itinerario de aquel ovni leyendo los pueblos por los que pasó.


Y Segis dijo:

Un dia llevaba un bocadillo de chorizo y tomate entre las manos, que me había echo mi madre. Las vacas estaban en Cerros Tontos y hacia allí iba. Serían las doce del mediodía, cuando de repente, saliendo del vallejillo de Lesmes, como un rayo de veloz, una luz muy fuerte que salía de una maquina atroz me hizo caer por tierra. Al aparato aquel no le di importancia, porque perdí el bocadillo que se me cayó por la impresión. Ni desde el suelo lo mire, ansioso por buscar la comida.


Y no verlo; le echamos en cara Ángel, Santos y yo.


Y Segis contesto diciendo que en aquella época había mucha hambre y prefería buscar los trozos perdidos, que luego claro, me comí. Celestino y mi padre asintieron con la cabeza, recordando.


Durante un momento todos miramos al cielo para ver si veíamos alguna luz. Solo vimos estrellas y aviones que tenían ruta fijada en el horizonte estrellado por el nordeste.


Mi padre se levantó para ir al baño. Cuando se fue, Segis dijo que cuando salí de la carcel, tu padre Tomás, me dio trabajo y me ayudo. Nunca abusé de la amistad de la infancia porque tu padre ya era algo increíble y no solo me ayudo a mí. Todo el que salía de la carcel y era del pueblo y alguno más, el lo recogía y le daba trabajo.


Al oirlo, me hinché como un pavo y le pregunté si había pegado tiros en la Guerra Civil y dijo:


Estábamos en la batalla de Teruel y las tropas de Franco nos diezmaron. Íbamos huyendo, Juan de Mata, tres o cuatro más y yo. Nos escondimos, porque la Guardia Civil peinaba el campo de batalla y mataba a los que vivían, igual se hacía en nuestro campo, porque las hambres eran increíbles y costaba más alimentar a un hombre y sanarle y cuidarle que matarle.

En un montecillo, vimos un agujero y allí nos escondimos. Tras haber limpiado nuestras huellas y taparlo más o menos, nos metimos sin dar una voz, ni un suspiro. Oíamos las voces de fuera. No sé quién iba a estornudar y le puse la bayoneta en el cuello diciendole que antes que estornudara se ensartaba él solo en el puñal, porque si lo oían, no-solo lo mataban a él, sino a todos. No estornudó, claro.

Escuchando y sin movernos, allí estuvimos esperando y cuando dejamos de oír ruidos, al cabo de trs días, sin comer y sin dormir, salimos. Comenzamos a andar y nos encontramos con la retaguardia de nuestro ejercito, donde solo quedaban las cocinas.

Recuerdo que me comí tal cantidad de judias que cuando me eché sobre el suelo nevado, me quedé dormido. Un soldado que había a mi lado me despertó, al poco, porque me vio sin moverme y viendo la nieve derretida junto a mí, me dio varios puntapiés gritando: este ya la palmado. Desperté por sus golpes y gritos y le dije que le iba a matar si seguía molestando.


Mi padre volvió del baño y se sentó tras dar un trago de su copa.


¿Cómo se llamaba el cura que estuvo en el pueblo, después de la guerra? Peguntó. Celestino dijo que Antonio y Segis lo afirmó. Dijeron también el apellido, pero no lo recuerdo y por eso no lo pongo aquí. Porfirio entre dientes señaló los años que estuvo ese maricacabrón.

Y mi padre contó cuando estuvo en el campo de concentración de Tánger por desafecto al régimen y los trabajos forzados a los que fue sometido. Y continuó diciendo: Después de trabajar en Madrid de albañil, volví al pueblo a hacerme una casa, porque cuando volví de Tanger a la casa del abuelo, al que mataron con una inyección en la cárcel, o eso decía el Meca que estuvo con él, nos rompían las ventanas los muchachos. No pasamos frío, acurrucados esa noche el tío Antonio y yo. Y cuando tuve dinero, me dije que haría la casa más grande del pueblo. Al terminar la casa, ese cura me denunció, pero el comandante de la Guardia Civil, quitó la denuncia. Sería el año 1956.


Un silencio, unos tragos, un joder y a mirar las estrellas.


Rafaél Pareja, el padre de Santos, al que llaman el Cabiz, vino hacia nosotros algo bebido y mi padre le ofreció una copa que aceptó. Se la serví. No, que fue Porfi.

El Cabiz dijo que después de la guerra, fue peor, porque había más hambre y que cuando era muchacho, ese cura que se llamaba Antonio y que por una onza de chocolate y en la sacristía donde se cambiaba la sotana, los muchachos le daban por detras y que le habían dado casi todos los del pueblo. Decía que el cura, siempre comía lentejas, porque al sacarla tenía un monton ahí pegadas.


El Cabiz no sé si seguira vivo. Tenía unos doce años menos que Segis y mi padre y siete u ocho menos que Celes.


En fin, aquella noche de hace ya muchos años y digo esto, porque entonces era muy joven o yo me recuerdo así, se habló de muchas cosas, hasta que mi padre le dijo al Cabiz que quería seguir contando cómo se la metía al cura, que se callara y el otro no quería, así que lo echó de la reunión y el Porfi, que se bebía los guiskis doblaos y todos los que estabámos allí también, salvo el Segis, que no bebía y empezaba a ponerse malo, porque el médico le prohibió la comida y le puso a régimen, por comer como un animal. Digo que se termino la reunión, porque una especie de losa y borrachera general acabó con ella. El Porfi se empeño en volver a su casa, que no sé cómo llegó y Segis y Celes, se quedaron en casa durmiendo y cada uno se fue a su cama, salvo Ángel, mi sobrino y yo, que nos quedamos viendo las estrellas, hasta que terminamos con otra botella y nos venció el sueño y el cansancio.



Esto lo recuerdo ahora al mirar y no ver ni a mi padre, ni a Segis ni al Meca ni a Celes y a tantos otros que no volveré a ver.

Y se fueron, como nos iremos todos, porque pendemos de un hilo; invisible el hijo de la gran puta.





lunes, 12 de enero de 2009

del librito de relatos pendemos de un hilo;invisible el hijo de puta.

El dia en que empecé a leer mi primer libro.Solo oí un me cago en dios, donde está esta puta. Me asusté y me escondí bajo la cama
Escuché después cómo se abría la puerta de la habitación de mis papis.
Al poco cerrada de un portazo. La puerta se desprendió. Cayó al suelo.
Por lo que decía mami,la había roto el brazo. Mi papi.
A mami.
Tenía ganas de pegar a papi,porque mami pedia socorro y por favor dejame ya. No he hecho nada.
No pude.Me meé. La deje morir.
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Ahora solo observo a los hombres y espero que se acerquen. Es facil.
Lo que se les pone duro piensa por ellos.
Les quito el dinero y las tarjetas se las doy a Diarra.
Solo a él, le conté lo ocurrido.
No tiene eso de abajo.
Siempre me dice mi niña y me abraza.
De verdad, me abraza.De verdad.