RADIO PACHETA

jueves, 7 de febrero de 2008

ESE INSTANTE.

El calor de Julio inundaba la noche estrellada.
Francisco Javier Victor, abrio las contraventanas de su habitacion.Aun estaban calientes del sol de la tarde. Al abrirlas, imagenes de la niñez trajeron el recuerdo.
El patio de abajo era de pequeños gresites de color rojo intercalados por otros mas pequeños de color blanco. Su geometria era rota por circulos de tierra donde destacaban unos rosales inundados de rosas rojas que aun podia oler.
Se acordo de su madre oliendolos y de su padre,ahora muertos, pero sonreia recordandolos vivos; ahi abajo, a la sombra de la tarde.
Cruzando la carretera, frente a la casa, la nave de pollos y pegada a ella, la casa de la dueña: la madre de Luis, ahora tambien muerta.Todavia oia la algarabia de las ponedoras recien huida la tarde.A la derecha, la casa de su tio Jose Maria, apodado el chato, con sus olivos y su tractor rojo.
Tambien recordo el instante en que su tio junto al patio y a la puerta grande de hierro verde que daba a las cocheras, siempre llena de pajaros, con el tejado a dos aguas y tejas rojas, se bebio de un trago los cinco litros de sangre del guarro recien matado, alli mismo; junto a el.
Y recordo las pequeñas luces; bombillas con sus casquillos, que solo iluminaban trozos diminutos de pared de las casas que habia en las estrechas calles del pueblo.
Asi estaba, apoyado en la ventana, cuando aparecio Mari Luz, para preguntar si iba a cenar.
Ese instante, le jodio un trozo de vida que ya habia olvidado.

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