Publicidad por tu blog con Boosterblog

RADIO PACHETA

miércoles, 31 de diciembre de 2008

Del librito de relatos pendemos de un hilo invisible; el hijo de puta.

SOLO EXISTO YO.


Vuelvo a ver a Felipe. Esta ahí tumbado, tras el cristal. Aquí esta su familia. Los hombres lloran su muerte. Las mujeres, no. Y yo sonrio.
Ahora sé que este no volverá a vivir eternamente aquí. Sus hijas y su mujer, sí. Lo harán por mí. Para mí.
Quiero verlo y despedirme de él. Le doy un beso. Como se lo dí a jesucristo.
No, no me ahorqué después.Es lo que tiene ser traidor a dios, pero tocado por l mano del de la ETERNA SOMBRA.
Este Manuel ya no ardera en el infierno, sino aquí, a dos pasos de mí. Perdonar que no quiera entrar en la iglesia.
Espero a la puerta del crematorio. Quiero ver cómo arde. Me cercioro de que es él.
Tan vacío de sangre como yo, cuando mi mujer se enamoro de jesucristo. Luego se llamaron Felipe, Manuel...
Cada uno de ellos otra y otra vez me engañaron con mi mujer. Vida tras vida, mujer tras mujer.
Todos me engañaron.
Mi AMIGO me echó una manita y a todos los maté en este mundo que ahora es el mío y destruyo poco a poco. No, no irán a lo que se llama cielo ni a lo que se llama infierno. Se han quedado aquí, pero muertos.
Sí, sus mujeres y sus hijas y las mías me quieren y me sirven. Las enamoré y son 666.666.666 y así hasta el infinito, mientras la Tierra exista. Y existirá para mí.
Os despido aquí, en casa de él. He de divertirme con sus hijas y su mujer. Los demás no traicionaron a dios. A mí me lo hizo antes él.


El DEMONIO EN LA TIERRA SOY YO. AQUÍ SOLO EXISTO YO.

lunes, 17 de noviembre de 2008

Mi niño

Se revuelve inquieto en su cama, cuando el enorme reloj de la entrada da las doce.
Le calmo con mi mano. Le acaricio la cara.
Esta mañana, la cocinera Ouriña, no sé lo que le contaba. Mi niño cinco años tiene.
Con los ojos llorosos y como platos, se vino corriendo hacia mí con los brazos abiertos, los mocos colgando.
Mi niño, se agarro a mi falda y andaba conmigo si yo andaba. El terror lo atenazaba.
Tendre que cuidarle de Ouriña, que le mira con sus ojos saltones de torva mirada.
Mi niño, ahora tranquilo, dormido, lo siento a mi lado, en su cama. El sueño me vence.
De madrugada oigo cantar el reloj las cinco de la mañana y cuando deja de sonar, no siento a mi niño. No está en su cama. Enciendo una vela y mi dolor es atroz al intuir lo que ha ocurrido, lo que ha pasado. Me incorporo.
Veo la sombra de Ouriña en un rincón, llena de sangre sentada. Entre sus manos, sostiene a mi niño ensangrentado, despedazado, muerto. Me mira, mastica un pedazo de carne sanguinolenta.
Con un dedo, me señala y grita riendo: Te he quitado a tu niño y mira: me lo como.
No te perdona ni Dos. Yo ahora te mato y te como. De un salto, la asalto y con la navaja abierta, el cuello rebano, de un solo tajo.
Mientras te desangras, te digo: voy a comerte el pecho izquierdo, luego el derecho, para que nunca puedas dar de mamar a nadie. A continuación tus ovarios, para que jámas engendres vida humana.
Don Antonio; lleva escribiendo lo mismo una semana y mientras escribe, no sé qué mastica, su boca siempre esta llena de sangre. Lo hemos comprobado y es sangre humana.
Sí, doña Juana, la trajo su marido, en ese estado, masticando carne humana. Él, está en estado de shock, en la habitación numero cinco, dormido. Morfina, le hemos inyectado.

martes, 21 de octubre de 2008

El hombre al que no publicaban.Ni publican.Ni lo haran.

A las siete de la mañana, como siempre, salí de casa para coger el autobus. Atestado de gente para ir a su trabajo. LLegué a la estación. El tren de cercanías iba a reventar, habitual a esas horas de la mañaneras de punta. Y en punta, debido al roze, se puso el de abajo y me gire para no molestar a la chica hermosa que estaba delante, con ese pelo largo recién duchado olíendo a jabón. Me reí, recordando los 14 o 15 años que tenía cuando hacía pellas en el institúto y me iba con el madriles- de Madrid, sexta generación, de ahí el nombre-, a la estación de Sol, la más concurrida, para tocar culos, bajo las faldas. Mientras el madriles, metía mano, recuerdo el bofetón que le dio la mujer, no a él, si no al hombre de gafas- no las encontró-, que justo detrás de ella se situaba. Se puso rojo como un tomate, pero no rechistó. Porque ella al dar el bofetón, gritaba: Ya esta bien, guarro, que la estoy sintiendo todo el trayecto y me alejo y usted, me sigue; pero, que encima me meta mano. Guarro, si su mujer supiera lo que hace.

Mientras esto ocurría, nosotros, habíamos hecho humo en la siguiente estación.

Haciendo horas extras, salí más tarde de lo habitual. Volví al tren y no había casi nadie. Solo un hombre que escribía en un cuaderno amarillo. Me senté frente a él. Usaba gafas y tenía el pelo revuelto como el mudo de los hermanos Marx, pero era canoso como su barba.

De repente, se puso las manos en la barriga y se reía, pero no le oía la risa.

Me puso su cuaderno en las manos y leí un cuento corto. Me reí tanto, que las lágrimas caían de mis ojos y me dolía la barriga.

Me quito el cuaderno y escribio en una pagina: ¿Es bueno, verdad?. Le conteste que era cojonudo. Hizo un gesto extraño, que no entendí; se llevo la mano al oído y yo creía que tenía relación con el cuento leído. Tras un momento entendí que era sordo. Ademas de mudo.

Tras escribir nuestros nombres; él, Federico, yo, Paco, estuvimos escribiendo nuestras historias mucho tiempo. Poco antes de llegar a mi parada, le escribí que se viniera a cenar a casa.
Corte una cebolla y un tomate y lo eche en la cazuela, que pronto sería sopa. Despues freí dos filetes de pollo y cenamos.
Despues de haber leído los otros cuentos de su cuaderno y de gastar las hojas escribiendonos, me di cuenta de lo que quería.
Necesitaba que fuera su socio, para que pudiera hablar con algun editor.
Pero para eso no hace falta hablar, le escribí. Y él respondio escribiendo:
En un pueblo que no mencionare el nombre, gané un premio, pero el alcalde, al no saber que era sordomudo, agarrandome por el hombro para salir en las fotos en plan amigo, como todos los politicos sinverguenzas, me empujo al estrado. No supe qué decir, me quede sin habla.
Como es natural, al leer esto, me descojone de risa. Y le escribí:
Federico, busquemos un megáfono y con tus historias cortas, te aseguro que sacamos dinero para sobrevivir los dos, ya que nos vemos tiesos como garrotes. Puso los ojos como platos y escribio:
Vale.
El amigo Federico, se quedo a dormir esa noche, en el sofa del salón, porque solo tengo un habitación y quizá dentro de poco ninguna, ya que mi exhausto trabajo de metedor de cinco semillas de anís en botellas de anís en Chinchón, no me da para mucho. Y no puedo seguir pagando.
Al cabo de una semana, Federico, tenía un megafono y me escribio que se lo dio un amigo gitano del Rastro y que a cambio, le escribio dos o tres seguidillas para el maestro Camarón.
Pero el maestro ya ha muerto, le escribi. Y él contesto escribiendo:
Para muchos, no para mí tampoco, que yo lo ví con el maestro Paco a la guitarra.
No entiendo.
Ni falta que hace. Punto. Respondio en el papel.
El lunes por la mañana, Federico y yo - ante la avalancha de chinos en mi trabajo, me despidieron hacía unos días-, megáfono en mano, nos presentamos en el recorrido que hacía en mi trabajo y yo leía sus cuentos en el autobus, en el tren de cercanías y en Atocha. Cuando terminaba uno, Federico ponía el sombrero. Nos daba mucho gusto ver que la gente se reía.
Hasta que un día, Federico borracho y con gabardina, saco una replica de ametralladora sin balas, y al que veía que no hacía caso de mi lectura, en Atocha, lo ponía contra la pared. Debo reconocer, que yo, tambien, borracho, le decía señalando a hombre o mujer, quien escuchaba y quien, no.
Ahora, encarcelados juntos, seguimos escribiendo y riendonos del pasado, del presente y del futuro.

viernes, 1 de agosto de 2008

el dia de la batalla.

No podía dormir.Repasába una y otra vez los movimientos que debían hacer mis tropas ya preparadas de madrugada.Había hablado con lo mandos sobre ello.Tenían toda mi confianza.La tenían ellos de mí.

Cuando la luz del Sol comenzó a despuntar por el Este, se divisó a los enemigos.Hatsup,en su carro,esperaba mi orden.Moví mi cabeza y le mire.Corrió a su sitio tocando el cuerno,para ordenar: en guardia.

A pesar de que nada,podía salir mal, tenía miedo.
Los arqueros escondidos en los bosquecillos a izquierda y derecha,no se movían,aunque sabían que la caballería enemiga,podría destrozarlos.Su mando,el general Sopteh, aunque zalamero con el gran hacedor,era valiente.Para mí, lo único que tenía.
Mandé a los mil quinientos hombres de infantería delante,preveyendo la estupidez de los salvajes.Tenían que esperarlos, ante su ataque en masa, para luego correr,fingiendo huída por el camino que dividía los bosquecillos. Allí, mis arqueros con sus flechas de fuego arrasarían a los perseguidores.
La caballería,escondida tras los arboles,mandada por mi hijo,el general Jutah,esperaba ansiosa a que los enemigos se metieran en la trampa y saliendo por detras acabar con su despreciables vidas.
El resto de mi infantería,agazapada en el suelo, esperaría tambien a que llegaran los enemigos,para alzarse y matar.
La nube de polvo venía hacia nosotros.
Lo que me temía se hizo realidad.Hatsup y sus carros y mi caballería salieron antes de tiempo.Mi hijo, no hizo caso a mi cuerno.
La infantería enemiga,esperó la llegada de mis estúpidos generales.En dos horas,no quedaba rastro de mi caballería.Mi hijo murió.Hatsup,y sus carros,también.No volvio ni uno a retaguardia.
Ordene a la infantería que esperaba en el suelo se levantara y que protegiera a los arqueros.
Estaba en juego el paso hacia el mar del gran hacedor.
Estaba orando a mi dios por el miedo que tenía y me envió una imagen de aquella muchacha a la que amé poco antes de venir.Mi dios,me oyó.
Envie a mi otro hijo Joteh la contraorden de que no huyera.Hay que aguantar a pie firme, la primera embestida y que los dioses nos acompañen,pero sin perder la cara al enemigo,ir hacia atras, con el fin de que los arqueros lleguen a esas bestias.
El mensajero, jadeando llego a mí:Enviada, señor,dijo.
Solo quedábamos los ciento cincuenta incluyendome, de mi guardia personal como caballería.
Pocos,la verdad.
Sentí alegría al ver que su caballería a galope,daba un rodeo al resto de su ejército y se internaba en el bosquecillo de la izquierda.Mi infantería y mis arqueros,allí esperaban.Ordené a mis hombres que no dispararan una sola flecha, para que no la viera el enemigo de a pie.
Levante mi espada y ordené el ataque a mis ciento cincuenta entre los que se encontraban otros dos de mis hijos;Juantah y Jogeh.
Entre los arboles la pelea se encarnizó.Las lanzas entraban en los ijares de los caballos que resoplando,morían chorreando sangre.Los jinetes se levantaban del caballo caído y enarbolaban hachas y espadas y mazas, pero no sabían a quien golpear.Los ciento cincuenta,llegamos poco despues de que la caballeria enemiga entrara.A uno de ellos,lo conocí cuando rebanando su cuello, con su cabeza sangrante en mi mano izquierda,le mire a la cara.Había ido al palacio del gran hacedor con su rey,el traidor Tumos, con una embajada.
En poco más de una hora,la caballería enemiga,fue masacrada.
Ahora estábamos a la par y mis arqueros vivos y presentes. Juantah y Jogeh no recibieron herida alguna.Por desgracia, yo sí.Una raja en mi muslo derecho,dejaba ver el hueso.Dolía la maldita,pero no podía decir un ay.El cirujano jefe cosió la herida musitando palabras de oración.
Ese dolor hizo que yo mismo cortara las cabezas a todos los caidos y que me ensañara tambien cortando sus piernas sus brazos y las partes intimas,que luego daría al orador,para que las cociera y pudieramos comerlas.Tál era mi dolor mezclado con el de la muerte de mi hijo.
Al ver el ejercito enemigo que su caballería no salía del bosque,corrió en grito de ataque hacia nosotros.
Sabía ahora que la batalla estaba ganada.
Los arqueros disparaban en orden.Una lluvia de flechas inundó el cielo.Mi infantería a pie firme, resistio el primer embite.A una orden mía, el resto de mi infantería salio de los bosquecillos machacando los flancos del enemigo.Ordene a mi guardia personal que a galope y rodeando al enemigo le cayerámos por detrás.
Matamos a todo el ejército.
Poco antes de que el sol se fuera y en mi campamento,repartí el botin de guerra.
Todos mis hombres,comieron la virilidad del enemigo.
-------------------------------------------------------------------------------------------------
Antes se podía luchar por algo.Se podía morir por algo.Había guerras y dolor y amor y odio,igual que ahora.Pero ahora,parece ser que te matan de otra manera.Te quitan el trabajo,te imponen unas ideas,te quieren hacer tonto, te niegan tu dinero y dicen encima que es de todos,pero solo se lo pueden gastar los políticos,que son los que hemos elegído además.Y ninguno de ellos ha ido a ninguna guerra,que yo sepa.

jueves, 22 de mayo de 2008

Todo cambió.

D. Julian nos dejo a la entrada del colegio. Escuelas Pías de San Fernando. En Donoso Cortes, 80.
Al atravesar la puerta de hierro, me di cuenta. Mire la acacia que había a mano derecha. Hacia arriba, hacia el verde de sus hojas que brillaban al sol. De esa manera.
Ahora todo cambiara. Porque ya soy un hombre. Me dije.
Entre a clase. Don Fernando, nos dijo que hicieramos una redacción. No recuerdo sobre qué era. Sí recuerdo a d. Fernando. Gafas que hacían sus ojos más grandes. Cara redonda. Algo de pelo gris en las sienes. Corbata siempre negra. Guardapolvos siempre gris. Recuerdo tambien su cartera. De las que se ataban con una correa de cuero. Me caía bien porque al desabrocharla, era como nosotros.
Porque ya soy un hombre voy a hacer la mejor redacción del mundo. Me puse a escribir. Como si a mi mano la llevara un ángel. Sí, me dije. Esta es la mejor redacción del mundo. La terminé el primero. La entregué el primero.
Don Fernando sobre la tarima de madera. La leyo para sí, sentado en su silla. Entonces desde arriba me miro a los ojos. Me dijo:No la has hecho tú. Te la ha hecho tu hermano.
La ha hecho ahora mismo, se lo juro don Fernando.
LLore. Deje de ser un hombre. Todo cambió.

lunes, 12 de mayo de 2008

Pasado el tiempo

NO HAY OLVIDO.

EL RECUERDO PERMANECE.

A VECES.A VECES

EL OLVIDO OLVIDA.

NADA PERMANECE

PORQUE AHÍ DELANTE.

ESTA LA MUERTE.

PERMANECE PERMANENTE.

ASI OLVIDARAS OLVIDOS

Y RECUERDOS Y NOSTALGIAS.

domingo, 6 de abril de 2008

Serian cerca de las dos.

Pero antes,me sali de la carretera.Por curiosidad.Deje el coche a la sombra de una encina.En el camino de los Buendia. Queria ver de cerca la reunion de zorros.Antes de que llegara se alejaron.No demasiado.El olor de sangre de aquel cadaver, al que con el pie di la vuelta,era muy atractivo para ellos.
Su cara era una masa deforme de sangre. Ni su madre que lo pario, lo hubiera reconocido.Bueno llegare al pueblo, quedan diez kilometros y doy parte a la Guardia Civil.
Pare en el bar del conejito.Tenia la garganta seca de la impresion.Pedi una caña.Vi a dos tipos,lo que se dice armarios,sentados cada uno en una silla de esas altas.Uno,el codo derecho en la barra. El otro, a su mano izquierda.Los dos apoyaban espaldas contra la pared.
El alto en el camino,enseguida se lleno de conocidos. Lo que me esperaba,ya sabes,invitas al primero,luego al segundo,y asi una y otra vez.Luego lo normal,ellos te invitan a ti y acabas algo mareado.
Hasta que llego el chepilla.Mi primo segundo por parte de padre,me quiere mucho,desde que le ayude a pegar de hostias a diez tipos en un burdel.Por no se qué zarandajas.Me vio, pero no me saludo.Barrunté que la cosa no iba bien.Viene atufao, me dije.Fui por él,pero Roque me dio una voz y ¡que pasa,Paquito!.Y, claro, tomate un vino.Nos pusimos a hablar y me olvide del chepilla.
Mire a los armarios.Hablaban entre ellos.Iban de manera muy rara para el campo.Trajes azules.Corbatas amarillas.Camisas rosas.Zapatos desos italianos.Y un enorme Mercedes negro, aparacado,junto al bar.
Roque y yo,estabamos entre ellos y el chepilla, que como digo,iba muy atufao.Porque puso el perro careo sobre la barra, pidio un vinito y pa este un azucarillo, en plato,le dijo al conejito.El hombre,normal, se nego.A grandes voces,mi primo salio del bar diciendo:Ahora vuelvo,no voy a entretenerme en darte dos hostias.
Se marcho cabreado.Todos en el bar,comentamos la situacion.Menos los armarios del traje azul.Uno de ellos, saco un movil desos del bolsillo y hablo con alguien diciendo siempre que si.
Y ¿estos?, me dijo Santos y luego Raul, el Porfi y todos los ganaderos que tienen ovejas por aqui cerca.Conteste que estaban aqui cuando llegue.
Volvio el chepilla.Saco de un macuto la escopeta y apunto al conejito.Disparo.El conejito cayo al suelo,tras la barra.Se llevo la mano al lado derecho de la barriga.
Los armarios cometieron un error.Sacaron dos pistolas, al desabrocharse las chaquetas. La mano poderosa del Kiko,cayo en forma de maza sobre uno de ellos, derribandolo al instante.El chepilla, a grandes voces, disparo la repetidora al otro armario, mientras gritaba:¿Es que tú, cacho mierda, me vas a matar con esa pistolita?.Si llevo yo la cojonuda, que ma dao mas de un ciervo,por esos andurriales.
Poco antes,como es natural,toos al suelo.Menos el armario,claro,que recibio,los cuatro que quedaban.El pobre hijo puta no se lo esperaba.Al llegar las ambulancias y la Guardia Civil,todo estaba ya calmado,como por ensalmo.El silencio se hizo en el bar, to lleno de sangre.
Cuando me llamo la Guardia Civil a declarar,esto exactamente, fue lo que dije,siendo sobre las dos de la tarde del dia de hoy.