Me levanté a las siete, cuando sonó el despertador. Después salí a recoger el periódico. Esperé a que saliera el café, mientras leía los titulares, lo único que puedo leer sin gafas, olvidadas en el baño. Me tomé el café y lié un cigarrillo, mano de santo para ir al baño. Me puse las gafas y me senté en la taza. Leí el periódico. Me fume el cigarro, me duché y bajé a hacerle unas tostadas a Jorge. Lo habitual, lo de costumbre, lo de diario
Hoy me libré de llevarles al colegio, porque los lleva Elena, la madre de Eduardo.Cuando se fue Jorge, leí a Becquer. Enfrascado en Gustavo Adolfo, Susana llamó mi atención golpeando desde la cama. Acomode el libro en la mesa y fui a abrazarla, como quería
A partir de ahí, todo cambió. Cuando me hablaba, no la entendía. Creía que era como de broma, a veces, ya sabes, sincopi dibo inestasbostas acrelos. Sí, pero aquello era distinto. Toda la mañana me estuvo hablando así, incluso a su madre, cuando llamó por teléfono. Me asusté.
A eso de las doce llamaron a la puerta. Abrí yo.
Los vecinos y el hombre que hacía la reforma de su casa, iban a tirar una puerta de garaje automática. La aceptamos y gracias de nada, por Dios.
Un rato después,volvió el albañil y le invité a un café. El hombre,me dijo que era rumano. Cuando Susana dejo de hablar con su madre, vino a la cocina y con enorme sorpresa por mi parte, se puso a hablar con el señor en romaní.
A día de hoy, todo ha vuelto a la normalidad. Esperaré a que venga a colocar la puerta del garaje, ¿volverá a cambiar de idioma?.
Le pongo un título
Hace 17 años





